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Wednesday, June 18, 2014

Las emociones a la luz del cristianismo



Introducción

Algunas veces lloro y no sé por qué. Sé que algo sucede en mi interior, grito dentro de mí misma y mi ser expresa la emoción con lágrimas que algunas veces se transforman en risas. No es que esté depresiva, tampoco es que esté demente, sino simplemente recuerdo que en el pasado, en momentos de profundo dolor, alguien me dijo: “sonríele a Dios”.

En mi opinión, el tiempo juega un papel fundamental en nuestra manera de pensar, actuar y manifestar muestras emociones. Porque la madurez va formando nuestro carácter, nuestro modo de percibir y dar afecto. Y esto declara las intenciones de nuestro corazón... 




Cada uno de nosotros, individualmente, tiene maneras diversas de expresar las emociones. Algunos, callan ante el dolor; mientras otros lloran. Otros, se enojan y no hablan, mientras otros gritan a causa de su enojo. Algunos se ponen nerviosos y les duele la barriga, a otros les tiemblan las canillas. Pero por qué reaccionamos de maneras tan diversas, simplemente porque somos seres únicos. Aunque tengamos semejanzas, somos diferentes. Así también, nuestras emociones se expresan a través de un abanico de diversos matices. Entre ellas, encontramos las más comunes como la tristeza, el enojo, el amor, entre otras. Pero, lo más importante no es lo que sintamos a través de nuestras emociones, sino lo que nuestras emociones revelan a través de nuestro comportamiento y la sujeción a la Palabra de Dios. Más allá de la teoría y retorica científica o psicológica, existe una guía que nos indica cómo y cuándo debemos manifestar nuestras emociones con la aprobación divina, la Biblia.

En la Biblia hay muchos personajes que lidiaron con diversas cargas emotivas. Entre ellos, se encuentran Sansón y Pablo, entre otros. Cada uno de ellos con situaciones diferentes, pero con una misma visión, servir a Dios.

El amor a Dios debe ser la primera emoción arraigada en la vida del ser humano. Muchos hombres sirven al mundo y a sus concupiscencias, pero pocos sirven a Dios agradándole en todo, con amor. Por esta razón, debemos ser cuidadosos y examinarnos a nosotros mismos, recordando el mandato divino acerca del amor. Porque si no tenemos amor, nada somos.

Con el tiempo nos van enseñando. También, nos van puliendo; para no dejarnos obrar de acuerdo a nuestros impulsos emotivos, sino bajo la voluntad de aquel que controla no sólo el tiempo, sino también nuestras emociones, Dios. Y ¿Quién nos enseña? ¿Quién nos pule? El Señor.

En este breve ensayo expondremos las emociones a la luz del cristianismo y aprenderemos por qué es importante no dejarse dominar por ellas. Señalaremos algunos personajes bíblicos, como ejemplo. Para afirmar, que el cristiano no puede dejarse llevar por las emociones. Al contrario, sus emociones deben estar sujetas a la voluntad de Dios, en todo tiempo.

I.          ¿Qué son las emociones?

“En el sentido más literal, el Oxford English Dictionary define la emoción como agitación o perturbación de la mente; sentimiento; pasión; cualquier estado mental vehemente o agitado”. Según Daniel Goleman, “el término emoción se refiere a un sentimiento y a los pensamientos, los estados biológicos, los estados psicológicos y el tipo de tendencias a la acción que lo caracterizan. Existen centenares de emociones y muchísimas más mezclas, variaciones, mutaciones y matices diferentes entre todas ellas”. 

II.         Teorías sobre las emociones

Existen muchas teorías sobre las emociones. Por una parte, las teorías científicas y psicológicas. Por otra parte, las enseñanzas más veraces, basadas en la doctrina bíblica. Estas teorías pueden compaginar si ambas se enfocan desde el punto de vista bíblico. En mi opinión, como creyente, éste es el único enfoque certero a través del cual se puede comprender, discernir y responder con determinación a las emociones. 

Las emociones pueden ser positivas o negativas. Es decir, pueden producir fruto para justicia o pueden producir pasiones desordenadas que para nada aprovechan. Por el contrario, son dañinas para la persona que las experimenta y para los que la rodean. Sin embargo, no todo es negativo; porque una emoción bien canalizada, es como el fruto de un buen árbol.

La ciencia, tiene algunas respuestas acerca de los canalizadores de las emociones en nuestro organismo. Como ser físico y espiritual, nuestro cuerpo también está sujeto a sufrir cambios de acuerdo a las emociones. Uno de los canalizadores más importantes, generadores de estos cambios, es la amígdala cerebral.

  1. A.                 La amígdala cerebral y su función  

  1. 1.      El sistema límbico
“El sistema límbico, también llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala cerebral. En el ser humano, estos son los centros de la afectividad, es aquí donde se procesan las distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas”  “Las emociones resultan de la actividad del sistema nervioso, al igual que los movimientos voluntarios”.   

Notas:
  1. Daniel, Gloeman (2010-09-01). Inteligencia emocional (Spanish Edition) (Kindle Locations 6913-6917). Independent Publishers Group. Kindle Edition.
  2. http://www.inteligencia-emocional.org/articulos/elcerebroemocional.htm

  1. 2.      La amígdala cerebral
La amígdala cerebral es parte del sistema límbico y su función fundamental es procesar las emociones. Según Justin Feinstein, “La amígdala revisa constantemente toda la información que llega al cerebro a través de los distintos sentidos con el fin de detectar rápidamente cualquier cosa que pueda influir en nuestra supervivencia”  Por otra parte, “Investigadores del Instituto Max Planck, en Leipzig (Alemania), aseguran que la amígdala cerebral, que forma parte del sistema límbico, puede participar en la distinción de los comportamientos improvisados de aquellos que se hacen de forma premeditada”.  
En la amígdala cerebral también se originan emociones como el miedo y la rabia.  “Una vez que la amígdala ha decidido que el estímulo requiere una respuesta de miedo o rabia, envía señales a otros lugares del cerebro para poner en marcha los distintos componentes de estas emociones. Por un lado, envía señales a la corteza cerebral para desencadenar la emoción subjetiva interna, y por otro lado desencadena la expresión externa de la misma. Supongamos que vamos por una calle de noche y vemos una sombra detrás de una esquina. Inmediatamente se acelera el corazón, la respiración se convierte en un jadeo, y un sudor frío nos cubre la piel. El vello se eriza y se nos pone la “carne de gallina” y sentimos un nudo en el estómago. Si lo consideramos detenidamente, muchos de estos cambios resultan lógicos para enfrentarse a una amenaza: el aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria permite aportar más oxígeno a los músculos, en el caso de que haya que hacer un esfuerzo, como salir corriendo. El sudor permite eliminar el exceso de calor que se producirá con ese esfuerzo”.
  
B.         La Biblia y su función

La creación entera cumple una función, y en medio de esa creación que fue hecha por la Palabra de Dios, el verbo, tenemos un testamento que también cumple una función maravillosa en los seres humanos, la Biblia. La Biblia está ahí, como un mapa que nos guía hacia el camino que debemos seguir mientras seamos peregrinos en esta tierra. Por esta razón, es tan importante para los creyentes, escudriñarla y descubrirla cada día en búsqueda de la revelación divina.  La Palabra nos manifiesta la voluntad agradable y perfecta de Dios para nuestras vidas. También, nos exhorta para apartarnos del mal y de toda injusticia e impiedad. Más allá, nos insta a vivir piadosamente, agradándole al Señor en todo lo que hagamos. La Palabra de Dios está viva, así como Él, quien vive eternamente y nos observa desde su trono; escudriñando nuestras mentes y corazones, esperando recibir de nosotros lo mejor, como hijos obedientes. La Biblia no sólo nos exhorta, sino también nos alienta con la esperanza de seguir hacia adelante, sin miedo; porque Dios está con nosotros. Por supuesto, mientras guardemos sus mandamientos y vivamos en temor reverente. El salmo 23 nos dice: “aunque en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

Si analizamos las emociones a través de la lupa bíblica, éstas quedan opacadas bajo la luz que transmite la Palabra de Dios, ya que observamos que el cristiano no puede dejarse llevar por la emoción que es parte del sentir humano, sino por la obediencia a Dios. De esta manera, no sólo cumple con el mandato divino, sino también hereda las promesas que Dios ha hecho a los que le aman y guardan su Palabra.

Es cierto que todos tenemos debilidades, pero el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad. Así que, si las emociones son parte de nuestras debilidades, encomendemos al Señor nuestra causa y confiemos en Él; porque sin duda alguna, Él hará. Dios nos llene de poder para enfrentar nuestras debilidades con la ayuda de su Santo Espíritu. 

Notas:
  1. http://www.uam.es/personal_pdi/medicina/algvilla/fundamentos/nervioso/emociones.htm
  2.  http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-amigdala-humana-es-la-zona-del-cerebro-que-genera-el-miedo
  3. http://ecodiario.eleconomista.es/ciencia/noticias/3041186/05/11/La-amigdala-cerebral-puede-detectar-comportamientos-improvisados.html
  4. http://www.uam.es/personal_pdi/medicina/algvilla/fundamentos/nervioso/emociones.htm

  1. 1.      El dominio de sí mismo
“El dominio de uno mismo, esa capacidad de afrontar los contratiempos emocionales que nos deparan los avatares del destino y que nos emancipa de la «esclavitud de las pasiones» ha sido una virtud altamente encomiada desde los tiempos de Platón. Los romanos y la iglesia cristiana primitiva, por su parte, la denominaban temperantia –templanza– la contención del exceso emocional. Pero el objetivo de la templanza no es la represión de las emociones sino el equilibrio, porque cada sentimiento es válido y tiene su propio valor y significado”.

Hubo un hombre en la historia bíblica que mostró no sólo dominio propio, sino también una gran valentía, Abraham. Cuando hablamos de dominio propio y ponemos como ejemplo a Abraham, observamos con que firmeza y decisión Abraham tomó a Isaac y se lo llevó para ofrecerlo como sacrificio. Contemplamos como Abraham confiaba en Dios, de tal manera que no se dejaba llevar por sus sentimientos carnales, sino por la fe que tenía en el Creador. Ofrecer a su hijo era una prueba, pero a la vez era un acto de fidelidad y confianza en Dios, que no fue estorbado por ninguna emoción o sentimiento humano.

Notas:
  1. Daniel, Gloeman (2010-09-01). Inteligencia emocional (Spanish Edition) (Kindle Locations 1553-1555). Independent Publishers Group. Kindle Edition.

Sería muy difícil para nosotros ponernos en el lugar de Abraham, porque Abraham fue único. Pero, cada uno de nosotros es responsable por el sacrificio individual que Dios nos pida. Sin embargo, sabemos que aunque en el presente nos parezca complejo, debemos estar seguros de que Dios nos recompensará y proveerá de acuerdo a cada necesidad. Dios es bueno, paciente y grande en misericordia. Por lo tanto, Abraham es el ejemplo, hermoso, de un hombre que no se dejó llevar ni por sus emociones.

III.        Tipos de emociones

Las emociones ejercen influencias en nuestra manera de desenvolvernos diariamente. Un buen trato, es causa de alegría, pero una bofetada es causa de tristeza. Inmediatamente dependiendo cual sea la emoción que experimentamos, ésta se refleja en nuestro rostro, organismo y corazón. Entre los tipos de emociones más comunes encontramos las siguientes:

A.         Tristeza

Cuando estamos tristes experentimos: “aflicción, pena, desconsuelo, pesimismo, melancolía, autocompasión, soledad, desaliento, desesperación y, en caso patológico, depresión grave”. 

B.         Ira

En la ira se experimenta: “rabia, enojo, resentimiento, furia, exasperación, indignación, acritud, animosidad, irritabilidad, hostilidad y, en caso extremo, odio y violencia”. 

C.         Miedo  

En el temor se experimenta: “ansiedad, aprensión, temor, preocupación, consternación, inquietud, desasosiego, incertidumbre, nerviosismo, angustia, susto, terror y, en el caso de que sea psicopatológico, fobia y pánico”. 

D.         Alegría

En la alegría se experimenta: “felicidad, gozo, tranquilidad, contento, beatitud, deleite, diversión, dignidad, gratificación, satisfacción, euforia, capricho, éxtasis y, en caso extremo, manía”. 

Notas:

8-11. Daniel, Goleman (2010-09-01). Inteligencia emocional (Spanish Edition) (Kindle Locations 6927-6936). Independent Publishers Group. Kindle Edition.

E.         Sorpresa

En la sorpresa se experimenta: “sobresalto, asombro, desconcierto, admiración”. 

F.         Vergüenza

En la vergüenza se experimenta: “culpa, perplejidad, desazón, remordimiento, humillación, pesar y aflicción”. 

IV.        La emoción más hermosa

La emoción más hermosa que puede experimentar el ser humano, es el amor. Porque, Dios es amor. Sin entrar en el tema teórico y retorico del amor ágape, phileo y eros, sino en la realidad de nuestro día a día, es prudente expresar que Dios es amor, y el amor es de Dios, pero no todos los sentimientos que se asemejen al amor son realmente amor, si van en contra de la Palabra de Dios. El amor verdadero es aquel que proviene de Dios y que se sujeta a su Palabra, en obediencia, fe y amor.

A.         Amor

En el amor se experimenta: “aceptación, cordialidad, confianza, amabilidad, afinidad, devoción, adoración, y también enamoramiento”  Sin embargo, el amor implica también tener sufrimiento, porque aunque sea paradójico, nos dice la Palabra: el amor es sufrido, benigno, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Con el amor también debemos ser cuidadosos; porque el amor, en algunos casos, es pasión carnal; pero en otros, es realmente manifestado en fidelidad, paciencia, bondad, mansedumbre y templanza. Porque Dios, en su bondad, ha derramado su amor en nuestros corazones; y eso lo experimentamos desde que su Santo Espíritu mora en nosotros, luego del arrepentimiento y la fe en Jesús como nuestro salvador. 

Notas:
 12-14. Daniel, Goleman (2010-09-01). Inteligencia emocional (Spanish Edition) (Kindle Locations 6927-6936). Independent Publishers Group. Kindle Edition.

1.         Si no tengo amor

Uno de los pasajes más profundos de la Biblia, fue escrito por un hombre a quien su ímpetu lo llevo a perseguir a inocentes cristianos, Pablo de Tarso. Aquel hombre que respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue inspirado a escribir el pasaje que se encuentra en 1 Corintios 13, diciendo: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…”.

2.         Los dos grandes mandamientos

No hay mucho que añadir a un texto, cuando el texto es lo suficientemente rico y explícito para dejar claro al lector el mensaje del autor, sin que quede ninguna duda. Así son  estas breves líneas, inspiradas por el autor supremo,  nuestro amado Dios: “Y amarás  al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: amarás  a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:30-31).

V.         Las emociones del mundo y las emociones que agradan a Dios

Las emociones desde un punto de vista cristiano podrían dividirse en dos: las emociones del mundo y las emociones de Dios. Las primeras nos conducen a la muerte. Es decir, a los deseos pecaminosos, que arrastran a las personas través de las pasiones carnales; sumergiéndolas en el vicio de las concupiscencias. Por el contrario, las emociones de Dios nos conducen a la obediencia, a la paz, el amor, el gozo, la alegría, la esperanza, y todo lo bueno, benigno y justo que procede del Padre de las luces.

A.         Las emociones del mundo

Cuando vivimos en el mundo sin temor de Dios, por lo general, nos dejamos llevar por aquello que nos proporciona placer y agrada a nuestros sentidos. Algunos hombres, por ejemplo, se emocionan con la Fórmula 1; mientras algunas mujeres se alegran comprando lo que se les antoja y está de moda. Éstos son ejemplos muy superficiales, pero ejemplos al fin.

Cuando era joven pensaba que dejar de ir un fin de semana a la discoteca significaba perder  muchas emociones. Es decir, conocer a alguien, tomar unos tragos, bailar hasta el amanecer y experimentar los placeres del mundo. Esto, para mí, en mi juventud, era algo realmente emocionante. Sin embargo, hoy, como creyente, reflexiono en la siguiente pregunta: ¿Qué ofrece el mundo?

En mi opinión, el mundo está por una parte lleno de placeres, pero por otra parte lleno de dolor. Observemos a las estrellas de Hollywood, sin mencionar nombres, ¿Cuántos han muerto de sobredosis?, ¿cuántos se han suicidado?, ¿cuántos han tenido vidas destruidas por causa del alcohol, las drogas, la violencia, entre otros? Muchos, es triste, pero es cierto. Por otra parte, para los menos afortunados, que no conocen a Dios y viven en medio de muchas necesidades, el mundo está lleno de mucho dolor. El hambre, la miseria, la violencia, la maldad, las drogas, la promiscuidad, las enfermedades, son algunos de los padecimientos que enfrentan muchas personas en el mundo, a las cuales el dolor, como emoción, les va arrastrando; y en muchos casos son llevados a las cárceles, en otros a la muerte. Pero la misericordia de Dios, los puede llevar a la vida eterna.

Por otra parte, existen personas cuyas vidas aparentemente son normales, pero de la misma manera están perdidos porque no tienen a Dios. Estas buscan llenar sus vacíos, con la cultura, el gimnasio, el cigarro, el alcohol, las salidas nocturnas con los amigos, las actividades, pero a pesar de tantas ocupaciones continúan estando vacíos. ¿Por qué? Porque no tienen a Dios.

La gente que no tiene a Dios, actúa como el hombre natural que no discierne las cosas del espíritu. Trata de llenarse con muchas cosas, entre ellas la religión, sobre todo ahora con la nueva era, en la que el yoga y la meditación parecen estar cautivando la atención de muchas almas perdidas. El ser humano, busca tirar el ancla en algo que le genere aparente paz, sosiego, placer, y si está de moda mucho mejor. De esta manera, llevados por cualquier clase de doctrina humana no pueden ni quieren discernir las cosas de Dios. Si tan solo pusieran su mirada en el Creador, y le dieran la oportunidad de manifestarse, dejarían los vicios y los deseos carnales, lucharían en contra del pecado y anhelarían experimentar las emociones que provienen de Dios.

B.         Las emociones que agradan a Dios

Las emociones que provienen de la mano poderosa de Dios son para nuestra salud espiritual. En Dios podemos experimentar dolor, tristeza, enojo, pero ninguna de estas emociones producen muerte, sino fruto apacible de justicia. Somos ejercitados por un tiempo, en determinadas aflicciones, para aprender obediencia; para que llevemos mucho fruto. Así, somos llenos del amor, gozo y la alegría, que sólo se pueden experimentar bajo la poderosa mano de Dios; mientras habitamos en su lugar santísimo.

1. Los frutos del Espíritu

El cristiano no debe ser emotivo en su manera de actuar. Porque, si actuamos a través de las emociones, en muchos, casos nos dejaríamos llevar por nuestros impulsos y pecaríamos contra Dios. Pero, si somos guidaos a través del Espíritu, Dios nos ayuda a comportarnos como es debido. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17).

El Espíritu Santo nos ayuda a llevar fruto que agrade a Dios. “Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23). Estos son los frutos que Dios quiere de nosotros, como hijos, para que en todo sea Él glorificado.

VI.        Las emociones de algunos siervos en la Biblia

Si contáramos todas las historias narradas en la Biblia, nos faltarían hojas para plasmar en ellas nuestras opiniones, emociones y experiencias, a través de las vivencias de cada siervo o sierva de la historia bíblica. Todas, han sido estremecedoras, llenas de grandes enseñanzas. Algunas nos hacen llorar, otras nos hacen reír o nos llenan de esperanzas. Podemos encontrar a un siervo fiel como Job, que dijo en medio de su dolor: “aunque él me matare, en él esperaré”. Podemos observar a una sierva como Sara, a quien le dio risa saber que tendría un hijo en su vejez. También a un hombre como David, quien tuvo un corazón conforme al de Dios; y aunque pecó se arrepintió y Dios lo perdonó al ver su corazón humillado ante Él. En fin, podríamos mencionar a Abraham, Isaac, Jacob, Débora, Gedeón, Samuel, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Isaías, son muchos los protagonistas de la historia eterna, sin dejar de mencionar a nuestro rey y Sumo Sacerdote Yeshúa, quien protagonizó la mayor historia desde que Él mismo fundó la tierra, la historia de nuestro Salvador.

A.         El hijo prodigo

Todos hemos escuchado la historia del hijo prodigo. Un hijo que le pidió la herencia a su padre y la malgastó, regresando avergonzado, con las manos vacías, pero recibido con amor por parte del padre que fue movido a misericordia. Y un hermano que se enojó al ver como su padre recibía con alegría a aquel, que como hijo, lo había defraudado.

B.         Sansón

Un hombre a quien Dios bendijo con una gran fuerza, tanto que mató a mil hombres con una quijada de asno. Pero, a quien una mujer lo engañó enamorándolo y lo llevo a la perdición. Sufrió porque sus enemigos le sacaron los ojos, pero arrepentido, Dios le permitió antes de morir destruir a sus enemigos, aunque también el pereciera con ellos.
El enamoramiento de Dalila fue la perdición de Sansón. Aunque era amor, ese  amor no era de Dios. Para Sansón, su alegría terminó en muerte.

C.         Pablo

Presenció la muerte de Esteban,  persiguió a los cristianos, respiraba amenazas y muerte cuando Dios lo tumbó del caballo, este fue Pablo. Nuestro amado y admirado siervo del Señor, predicador de nosotros, los gentiles. Su vida fue llena de emociones diversas, experimentó el dolor cuando estuvo ciego, experimentó gozo, tristezas, alegrías, en el tiempo de su servicio a Dios, pero en todo Dios lo ayudó y le mostró lo que ninguno de nosotros ha tenido todavía el honor de ver, el tercer cielo. La vida de Pablo fue una vida llena de emociones. ¡Gloria a Dios!

VII.       ¿Cómo afectan las emociones a los cristianos?

Existen dos vertientes por las cuales podemos considerar cómo afectan las emociones al cristiano. En primer lugar, se encuentran los creyentes obedientes. En segundo lugar, los creyentes que son rebeldes. Para los primeros, las emociones son controladas a la luz de la Palabra, consideran sus palabras, esperan en el Señor, claman por inteligencia, se inclinan a la prudencia y están atentos, como atalayas, con el fin de poner en práctica la Palabra implantada en sus corazones. Los creyentes que son rebeldes escuchan la palabra, pero por no tener temor de Dios en sus corazones actúan como ellos quieren, sin tomar en cuenta que cada acción genera consecuencias. Estos se dejan llevar por sus emociones naturales, en vez de rogar al Padre que los guie y enseñe el camino que deben tomar. Por lo tanto, tropiezan en la Palabra y cuando el ser humano tropieza se le va el gozo, la paz, y comienza a experimentar una serie de emociones que no son justamente las más agradables.

Dios nos ayude a todos, porque todos necesitamos de la misericordia de Dios. También, necesitamos su guía y enseñanza. Más allá, su amor en nuestros corazones nos da la sabiduría y el gozo que necesitamos para caminar día a día. 

A.         El pecado

El pecado es como una enfermedad mortal. Dios en su santidad tiene contacto con el creyente arrepentido de su inmundicia, a través del sacrificio de su Hijo y la sangre derramada en la cruz del Calvario, pero no con alguien que peque deliberadamente. Esto sería como provocar la ira de Dios, quien es amor, pero también es fuego consumidor; Dios, es Dios celoso. Así que, no podemos pecar porque sabemos que las emociones provenientes del pecado serán dolorosas. Debemos recordar que Dios es Santo.

El cristiano debe guardar su boca, su cuerpo, su mente y su corazón del pecado. El pecado trae muerte espiritual. Por lo tanto, los creyentes debemos ser sabios y rogarle a Dios que nos guarde por su misericordia de pecar contra Él.
“Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable” (Eclesiastés 10:1). No pequemos, para que Dios nos guarde en todo tiempo. Así, seremos hijos de Dios, sin mancha, en medio de una generación perversa y maligna.

B.         La obediencia

Algo que aprendí en mis primeros años con el Señor fue la importancia de la obediencia. Aunque en aquel tiempo no lo entendía tanto como ahora, recuerdo que me decían: “la obediencia trae bendición”. Ahora, entiendo, gloria a Dios, lo que significa la obediencia. Y esto es un pilar que debe estar fundamentado en nuestra fe, porque es a través de la obediencia que podemos experimentar las emociones de gozo y alegría que provienen de parte del Creador.

VIII.      Las emociones y los cristianos en la actualidad

Manejar nuestras emociones, en la actualidad, en un mundo corrupto, donde el pecado y la maldad humana se desbordan, es una ardua tarea. Desde nuestra óptica, como creyentes, observamos un mundo que sucumbe cada día más en el pecado. Algunas veces es difícil dejar de molestarnos cuando observamos tanta injusticia, pero sabemos que todas las cosas que están sucediendo, están escritas; y tienen que dar cumplimiento a la profecía.

A.         Los deseos del mundo 

Cuando hablamos de los deseos del mundo, hablamos de los deseos de la carne, la vanagloria de la vida y los deseos de los ojos; todo esto no proviene del Padre, sino como dice la Palabra, proviene del mundo. También, dice la Palabra, cómo será el carácter de los hombres en los postreros tiempos. Y parte, de ese carácter influye en las emociones. “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:2-5). Esta realidad produce tristeza en el corazón de muchos. Por esta razón, es importante recordar que el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.

B.         “El mundo pasa”

Como dice la Palabra: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). La voluntad de Dios es que seamos obedientes, lo amemos, honremos, guardemos sus mandamientos y estemos preparados para toda buena obra. Porque el mundo pasa, la tristeza pasa, el llanto pasa, pero tenemos esperanza y sabemos que las cosas no estarán así para siempre. Por lo tanto, alegrémonos en nuestro hacedor, alcemos nuestros ojos hacia nuestro socorro, la roca de nuestra salvación, el Todopoderoso y dejemos que nuestras emociones sean controladas por Dios.

IX.        Deja que Dios controle tus emociones

Entregarnos  a nuestras emociones sería como montarnos en una montaña rusa todo el tiempo de nuestra vida, un día, alegres; un día, tristes; un día, enojados; y así sucesivamente, hasta que un día ya no estaremos para contarlo. Pero, no quiero decir que no sea ésta una realidad en la vida del creyente, porque todos experimentamos diversas emociones y estados de ánimo. Sin embargo, la Biblia nos habla acerca de la longanimidad.

La longanimidad, según el diccionario Word Reference, significa “grandeza y constancia de ánimo en las adversidades”. También, significa “benignidad, clemencia y generosidad”. Donald Hooser, nos dice: “Entre los frutos del Espíritu hay una hermosa cualidad que en algunas Biblias es traducida como longanimidad y en otras como paciencia” La paciencia, es un factor clave para manejar nuestras emociones.

Palabra de Dios nos llena de esperanza y nos guía, para tener dominio propio y no dejarnos llevar por nuestras emociones. Al contrario, cultivando la paciencia nos volvemos cada día más prudentes, sobrios, maduros y menos emotivos. No quiere decir esto que no tengamos sentimientos, no, sino que Dios nos enseña a controlar nuestras emociones en el momento de enfrentarnos a determinadas situaciones, aunque después a solas con Dios, derramemos nuestra alma con lágrimas.

Sabemos que hay situaciones difíciles en la vida de todos, como creyentes, pero en todas ellas Dios tiene el control. Por lo tanto debemos dejar que Dios controle nuestras emociones, palabras, acciones, pensamientos, todo en nuestra vida. Así, triunfaremos y lograremos hacer la voluntad de Dios.

Notas:

Podemos encontrar muchos consejos en la Biblia que nos ayudan a controlar nuestras emociones y sentimientos en diversas situaciones. ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:13-20). ¡Sigamos estos consejos!

Cada día, al levantarnos, entreguémonos a Dios.  Cada día, al acostarnos entreguémonos a Dios. Cada día, en cada instante, entreguémonos a Dios. Él tiene cuidado de nosotros y está siempre dispuesto a ayudarnos, si con un corazón contrito y humillado nos acercamos a Él. Dejemos que Dios controle nuestras emociones, confiemos en Él,  y démosle gloria, sólo a Él.

¡Bendito tu nombre, eternamente, Señor!

Conclusión

Las emociones son el producto de nuestras experiencias entre los seres vivos. Sin ellas seríamos como maquinas insensibles y frías. Por una parte, las emociones les dan sazón a nuestras vidas, pero por otra nos perjudican, si nos dejamos controlar por ellas. Para tener control sobre nuestras emociones necesitamos dominio propio, acompañado de paciencia y amor. El amor, es la clave que nos ayuda a ver desde la óptica de Dios nuestras emociones.

La ciencia busca respuesta que sólo Dios nos puede dar. El ser humano desde su percepción natural y sus opiniones cargadas de sabiduría humana, no puede cavilar profundamente con el fin de encontrar respuestas sabias, excepto que acepte que estas respuestas se encuentran en la Palabra de Dios. Ni la ciencia, ni la filosofía, ni la psicología, ni ninguna rama afín nos podrán dar una respuesta veraz; como sólo la Palabra de Dios nos la puede dar.

El tiempo y la madurez son factores fundamentales en el control de las emociones. Con el tiempo vamos creciendo y madurando en la manera de percibir el mundo que nos rodea, nuestra forma de actuar y responder a cada situación. Por lo tanto, vamos controlando nuestras emociones e impulsos con mayor precisión.

No importa cuál sea nuestra emoción, siempre y cuando no se salga de los parámetros establecidos por Dios. Es decir, que con madurez espiritual sepamos discernir lo correcto de lo incorrecto. Por ejemplo, a pesar de tener permiso para enojarnos, recordemos que la palabra nos dice que no se ponga el sol sobre nuestro enojo. Y así, en otras circunstancias, actuar conforme a la voluntad de Dios.

En fin, las emociones son las expresiones de nuestros sentimientos en determinados momentos. Por medio de ellas expresamos lo que sentimos. Algunas veces nuestro sentir es correcto, otras veces incorrecto. Sin embargo, lo importante no es lo que sintamos, sino lo que pensemos cuando expresamos nuestras emociones. Es decir, que nuestras emociones estén alineadas con la voluntad de Dios. Y sea que lloremos o que riamos, hagámoslo todo para la gloria de Dios. Como creyentes, sujetemos nuestras emociones a Dios. Y Dios nos llene de gozo con su presencia.

“Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre” (Salmo 30:11-12).

¡Bendito tu nombre, Señor, te adoro!

Bibliografía

     1. Goleman, Daniel (2010-09-01). Inteligencia emocional (Spanish Edition) (Kindle Locations 6913-6917). Independent Publishers Group. Kindle Edition.

     2.  Inteligencia Emocional, http://www.inteligencia-emocional.org/articulos/elcerebroemocional.htm (01/30/13).


     4. Las emociones,

     5. Servicio de información y noticias científicas, http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-amigdala-humana-es-la-zona-del-cerebro-que-genera-el-miedo (01/30/13).





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"Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá , y os salvará ".

Isaías 35:3-4

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