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Thursday, March 28, 2013

Otro enemigo con el cual luchar: el pecado




Como creyentes, hemos escuchado muchas veces hablar del enemigo y sus asechanzas, pero pocas veces se habla del pecado como un enemigo con el cual debemos luchar y vencer. Cristo fue, es y será nuestro ejemplo eterno; Él venció las tentaciones en el desierto y triunfó públicamente en la cruz del Calvario. El pecado es nuestro enemigo, nuestra carne es nuestra enemiga, porque nuestro cuerpo es corrupto; y aunque somos creyentes, todavía cargamos con este cuerpo de pecado. Como decía Pablo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

El pecado también es un enemigo, que nos separa de Dios. La paga del pecado es muerte, por esta razón debemos rogar al Padre que nos libre del mal, de las tentaciones, y nos ayude a estar firmes; a ser fieles. Porque todos tenemos debilidades, pero poderoso es Dios para guardarnos y ayudarnos a mantenernos de pie, sin caída, sin resbalar. No porque lo merezcamos, sino porque su amor es infinito y porque Él nos amó primero. Dios nos quiere unidos a Él, que sigamos los pasos del Señor y lleguemos a la estatura del varón perfecto.

Dios nos creó para su gloria. ¡Nuestro Padre nos ama! Roguemos que nos guarde de las asechanzas del maligno, y de nosotros mismos. Démosle gloria a Él y adoremos su nombre. ¡Él es fiel!
“La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:12). 

En el amor de Cristo, Dios les bendiga. 

 אַהֲבַת יֵשׂוּעַ 

Sunday, March 24, 2013

El justo murió por los pecadores



Cuando observamos la injusticia en nuestro entorno, ésta nos impacta, pero nos impacta mucho más cuando conocemos y entendemos que hubo un ser justo, puro, santo, perfecto y lleno de amor a quien se le adjudicaron las injusticias ajenas, éste es el caso del Señor, Yeshua, y uno de los motivos de su sufrimiento en esta tierra. “Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). El Señor pudo demostrar durante toda su vida que si se puede luchar contra el pecado, aunque tengamos que sufrir. Más allá, el Señor demostró durante su vida que se puede obtener la victoria con la ayuda del Padre y vencer a este mundo caído. Estos son algunos de los factores que impactan y nos hacen reflexionar acerca de los padecimientos del Señor por un montón de pecadores, es decir, todos nosotros, que no merecíamos tan grande amor. Nuestra mente finita, todavía no llega a valorar y a entender, en todo su esplendor; la obra tan maravillosa que ha hecho el Señor por todos nosotros. El justo, Jesucristo, murió por los pecadores, y aún muchos no lo reconocen. 

!Dios les bendiga, en Cristo!

 אַהֲבַת יֵשׂוּעַ 


Wednesday, March 6, 2013

Desde que se halló el mal





Desde que se halló en mal en Satanás y hubo rebelión en el cielo, existe el pecado. De éste se dice: “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28:15). Allí se origina el pecado, la primera rebelión, en una criatura celestial creada por Dios.

El pecado penetra en el hombre cuando se produce la primera transgresión del mandato divino, es decir, la desobediencia de Adán y Eva al comer del fruto prohibido. Como consecuencia, se desencadenan una serie de sanciones por el pecado. Así que, el hombre no sólo queda destituido de la gloria de Dios, sino también comienza a sufrir las consecuencias de su desobediencia.

Cuando hablamos acerca del pecado, nos referimos a algo altamente perjudicial en la vida del hombre. El pecado es como una enfermedad mortal, como un tumor que debe ser extirpado con urgencia. Porque de lo contrario, acabaría con la vida del hombre, como lo hizo con la vida de Adán. 

El pecado, como lo expresa Wayne Grudem, “es no ajustarse a la ley moral de Dios no sólo en acción y en actitud, sino también en naturaleza moral”. En pocas palabras, como lo dice el apóstol Juan, el pecado es transgresión de la ley. Y dice la Escritura: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10). "Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente” (1 Timoteo 1:8). Y la ley de Dios habla acerca de normas morales y justas, que nos ayudan a perseverar en hacer el bien y mantenernos alejados del pecado. Aunque estamos bajo la gracia de Dios, también debemos recordar que estamos bajo la ley de Cristo. Por lo tanto, debemos ajustarnos a Su ley en todo sentido.

Es importante, como creyentes mantenernos alejados del pecado. Rogarle a Dios diariamente que nos guarde de pecar contra Él, que nos libre del mal. Debemos cuidar nuestra salvación con temor y temblor. Así, estaremos alertas, orando en todo tiempo para no caer en tentación. También debemos recordar que todos tenemos debilidades y la Palabra nos exhorta diciendo: “el que piensa estar firme, mire que no caiga”.  Así que, Dios nos ayude a mantenernos firmes y alejados del pecado.

Para concluir, para vencer las tentaciones necesitamos la ayuda de Dios. Porque, hay una lucha diaria que se desarrolla en nuestros cuerpos y en nuestros miembros, la cual podemos vencer únicamente con la ayuda de Dios. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17). Dios es el único que nos puede ayudar a vencer las tentaciones, así como el Señor venció cuando fue tentado, para no dejarnos llevar por el engaño del pecado y no incurrir en desobediencia.

Dios les bendiga, en el nombre de Yeshua Hamashiach.

 אַהֲבַת יֵשׂוּעַ 

Saturday, March 2, 2013

La santificación es un objetivo en la vida del discípulo



Uno de los objetivos más importantes en la vida del discípulo de Cristo, es la santificación. Como cristianos debemos realizar una introspección que nos lleve no sólo a reflexionar acerca de nuestros actos o motivaciones, sino también a tener una visión un poco más amplia con respecto a nuestro comportamiento; porque es allí donde se manifiestan todos nuestros pensamientos, motivaciones, actitudes, sufrimientos, alegrías, entre otros elementos que forman parte del conjunto de nuestro ser en general. David Powilson opina que, “la santificación tiene el propósito de purificar tanto tu corazón como tu cuerpo, tanto tus motivos como tu comportamiento”. Esta opinión es muy válida, porque es cierto que a medida que somos santificados internamente, vamos siendo cambiados externamente. Es decir, nuestra apariencia física cambia porque sufrimos un proceso regenerador y transformador, gracias a aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. También, cambia nuestra conducta porque comenzamos a tener temor de Dios. Claro, todo este proceso debe ser genuino. No estamos obligados a cambiar, pero aquellos que oímos la Palabra de Dios y la ponemos por obra vamos siendo guiados por el poder del Espíritu Santo, después de haber sido lavados y justificados en el nombre del Señor Yeshua. Y como dice la Escritura: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

"Porque escrito está: Sed santos, porque YO SOY SANTO” (1 Pedro 1:16). 

Amados, Dios les bendiga en el nombre de Yeshua.

   אַהֲבַת יֵשׂוּעַ 

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"Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá , y os salvará ".

Isaías 35:3-4

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